miércoles, 11 de febrero de 2026

¡Qué bello es el mundo!

Comparto el firmamento y mis oscuras drosophilas, contigo, con aquel para el que escribo negro sobre blanco estas cada día más desesperadas razones para no desesperar.

¡Qué bello es el mundo!, digo.

   En Gaza, no, dices. 
   Ni en Kiev, añades.
   Y a lo mejor en Groenlandia tampoco,     
   rematas.

Pues no sé. Esa foto la he tomado a las siete, y quién te dice que una hora antes no ha visto ese mismo cuadro un niño gazatí y ha pensado lo mismo que yo.

Es el mismo mundo, de igual belleza, para los cuatro ojos, los míos y los de él. 

Quiero decir: también existe para él, para su disfrute, a pesar de su terrible realidad.

   Yo te entiendo lo poético, y lo disfruto, 
   pero la realidad es tozuda, 
   resistente e hija de puta.

Ya, no obstante...,

déjame que piense en ese niño mirando al cielo, y no sólo temiendo una bomba.