Señor Borges,
por aquello de que
el mayor laberinto es el desierto,
allá, donde no hay
caminos...
..., como ahora.
Gracias John Kennett
Señor Galbraith,
por aquello de que
todas las democracias
contemporáneas viven
bajo el permanente
temor a la influencia de los
ignorantes...
..., como ahora.
Gracias Dylan
Señor Thomas,
por aquello de
no entres dócilmente en
esa buena noche.
Que, al final del día,
debería la vejez arder y delirar.
Por decirnos
¡enfurécete, enfurécete
ante la muerte de la
luz!...
..., como ahora.
y, puesto que en esta
encrucijada histórica,
pareciéramos estar en esa
noche del final del día...
ardamos, deliremos,
y mandemos al ostracismo
todo aquello que nos asesina...
día a día, noche tras noche.
Gracias Walt
Señor Whitman,
por aquello de
a los estados todos
y a cada uno de ellos;
a las ciudades de cada estado:
resistid mucho, obedeced poco.
Cuando la obediencia no se cuestiona,
cuando se cae en esclavitud completa...
no hay nación, estado o ciudad de este mundo
que recobre su libertad...
..., como ahora.
Poeta de la Gran República.
Vate del Yo imperturbe,
del A ti, vieja causa.
Barbudo celeste, dime,
¿no te lee ya tu gente?