Hay método en mi locura.
Tras la sangre va la vida,
y un nuevo día nace,
acaso... si lo hace.
Tan solo la belleza dice la verdad.
Esa es su disciplina,
su locura sosegada.
La salvaje belleza,
al toque de trompeta
habla con sutileza
y anuncia la gran evidencia:
Que no hay otra que tener paciencia.
Y quien busca otra verdad,
merece aquello de Rusiñol:
El castigo de encontrarla.
Abandonados andamos,
caminamos
errantes y errados,
desamparados.
Urdida la trama,
hilada la fibra,
tejida la tela,
es hora de decir:
El trabajo ha concluido,
se acabaron los sueños,
vengan los despertares.



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