¡Viejo, pellejo,
momia,
matusalén!
¡Vejestorio, rancio,
fósil,
trasnochado!
Gritaba el adolescente
al anciano.
Este se volvió y le dijo
con mansedumbre:
Niño, no blasfemes, que
todos llevamos un viejo
dentro.
Todos.
También tú.
¿Ríes? Ah, joven, ríes.
puesto que ríes,
allá tú, bufón.
Tan sólo recuerda una cosa:
si quieres hacer reír a dios,
y puesto que, iluso, los tendrás,
cuéntale tus planes.