En el estiércol los
encontrarás,
cubiertos de hipocresía y
de maldad.
Y nada podrás esperar
de ellos.
Cada loco con su tema,
y el minister a lo suyo.
Con el cieno hasta las
cachas,
encenagados hasta las
rodillas.
Estamos locos si los
escuchamos.
Más aún si los
seguimos.
¿Qué hacer?
Difícil decisión.
Pero, claro está,
no seguirlos,
no escucharlos.
Quizás, confrontarlos.
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