lunes, 24 de agosto de 2026

Horra

Tan horra de sustancia 
es para mí, hoy, la vida 
que me doy miedo.

Ejemplo máximo de insustancialidad,
tan vacua, total banalidad,
que asusta. 

Vacío de interés, 
cualquier asunto que 
apunte a practicidad...

Me puede interesar 
si era o no era Jesucristo
dueño de la ropa que portaba.

Pero no qué ha dicho el 
presidente o si están o 
no aseguradas las pensiones a futuro. 

Cualquier asunto sin 
valía, por ejemplo, el 
amor, sí.

Cualquiera otro, de 
interés grande, 
digamos, ¿hacía dónde 
va la guerra?, no.

Algo con engrama, 
huella, impronta, tal 
como ¿hay abrigo, 
comida?, tampoco.

Una arañita, 
moviéndose al filo del 
rayo de sol moribundo,
subiendo por la pared, por supuesto. 

¿Es la supuesta 
lucidez de los depresivos?

¿Como un radical desinterés 
por las preocupaciones humanas?

Un depresivo puede enamorarse.
Lo que no puede es mostrar interés 
por el avance de la ultraderecha.