Media tarde de un lunes, 12 de octubre, la bandera, otra vez la bandera, la apropiación y los abucheos al Presidente... Mientras tanto...
A solas conmigo mismo,
sin tenerme como amigo.
Con mi padre
traspasando el umbral
en la penumbra de una habitación
de la sanidad pública rural.
Carros que no cesan,
carro arriba, carro abajo.
En todo momento,
carros, ruedas de carros,
limpieza, aseo, bandeja,
todo adentro,
casi todo afuera.
Desayuno,
potingues, sueros, jeringas.
Almuerzo,
termómetros, tensiómetros, y más etros.
Merienda,
visitas, la familia, los cuñados.
Cena,
el bote del orín, ¿descansa?, las pastillas del dormir.
Ruedas de carros,
carros y más carros...,
todos con sus cuatro ruedas
tan rebién lubricadas.
Una persiana se sube,
otra se baja,
corriente de aire,
un portazo, otro portazo,
un volumen excesivo,
domingo, o sábado, tanto da,
¡gooooool!, porque no todos
andan de funeral, ni en tránsito.
(...)
¡Oh!, cinco minutos de paz...,
mi padre da una cabezadita,
tras horas de inquietud...,
de costado, diafragma arriba,
diafragma abajo,
¿y hasta cuándo?..., pero
toc, toc, toc, ¡el pañal!
(...)
Y agradecidos.
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