En homenaje a mi padre, que, en este momento y frente a mí,
lucha sus últimos momentos.
No hay aedos,
ni aún rapsodas.
La antigüedad
no es, ya, lo que era,
tan sólo un anhelo.
Ni bardos, ni vates,
ni apenas poetas.
Así que
vayamos a la era a
educar (¡!),
que la era de los párvulos
está por aventar.
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