En la sección de Ciencia del diario
El País, podemos leer un artículo escrito por Manuel Ansede y publicado
el 23 de mayo de 2015 que lleva por título el del siguiente enlace que
permite llegar al mismo:
Se trata de un estudio sobre los macacos de Togian, un mono de Indonesia con el que probablemente los humanos compartamos un ancestro común que vivió hace unos 25 millones de años. La investigación se ha publicado en la revista Evolution and Human Behavior. Según el antropólogo de la Universidad de Florencia, Roscoe Stanyon,
"Es la primera vez que que el consuelo se documenta científicamente en monos."
En la sección de Ciencia del diario El País, podemos leer un artículo escrito por Javier Salas y publicado el 12 de mayo de 2015 que lleva por título el del siguiente enlace que permite llegar al mismo:
Se trata de un estudio llevado a cabo por un grupo de investigadores encabezados por la antropóloga Jill Pruetz en una comunidad de treinta chimpancés en Fongoli (sabana senegalesa). Han analizado durante diez años las cacerías de estos animales. En palabras de los propios investigadores:
"Son la única población no humana conocida que caza vertebrados con
herramientas de forma sistemática, por lo que forman una fuente
importante para hipótesis sobre el comportamiento de los primeros
homínidos basadas en la analogía."
Como vemos, se defiende aquí el procedimiento de la Primatología comparada: estudiar comunidades de primates actuales para, por analogía, inferir cómo eran los primeros humanos.
En el programa del 20 de junio de 2015 de "A vivir que son dos días" (dirigido por el periodista Javier del Pino, en la Cadena Ser) podemos escuchar esta entrevista radiofónica al biólogo Francisco José Ayala, con motivo de la presentación de su nuevo libro ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿A dónde voy?
Lo podemos escuchar íntegramente en el siguiente enlace:
Este documental, estrenado en 2014, es la secuela de otro de la misma autora, estrenado en 2010 y de enorme éxito, "Comprar, tirar, comprar", Si éste nos alertaba sobre los tres pilares del capitalismo en el que vivimos: el marketing, que nos dice lo que debemos comprar; el crédito, que nos permite adquirir cosas sin tener el dinero necesario para ello; y la obsolescencia programada, que hace que los productos se acaben (se estropeen) pronto para iniciar el ciclo de nuevo, "La tragedia electrónica" aborda el reciclaje ilegal de millones de toneladas de residuos electrónicos, un negocio a escala planetaria que destruye el medio ambiente y pone en peligro la salud de miles de personas en África y Asia, convertidos hoy en auténticos vertederos de estos residuos, producidos normalmente en el norte desarrollado y despilfarrador.
Si no tienes nada mejor que hacer, y dispones de 54 minutos de tu tiempo, te animo a que lo veas.
El trabajo que hay que desarrollar consiste en responder a las siguientes cuestiones:
- ¿Cuál es la tesis principal del documental?
- ¿Qué es el desarrollo sostenible? (Ayúdate del tema 6 Los fallos del mercado, página 119, Observatorio 5, del libro de Economía de primero de Bachillerato)
- ¿Crees que lo que nos cuenta el documental tiene algo que ver con el concepto anterior?
- ¿Qué externalidad se está produciendo en lo que nos cuenta el documental? (Ayúdate del tema 6 Los fallos del mercado, página 117, del libro de Economía de primero de Bachillerato)
- Haz una relación de los objetos electrónicos que tienes en casa. Después piensa en cuáles de ellos sustituyes por uno nuevo cada poco tiempo. ¿Qué hacéis en casa con los residuos electrónicos?
Como es sabido, Charles Baudelaire en su
ensayo El pintor de la vida moderna[1]
escribió acerca de la obra y la vida del pintor y dibujante, también francés,
Constantin Guys. Lo utilizó como “pretexto” para hablar del modo en que debe
vivir y trabajar el verdadero artista moderno; y es que el Señor G, tal y como
lo llama Baudelaire, aunque es un gran pintor, verdaderamente se sitúa por
encima de sus contemporáneos, más que por su genio artístico, por su actitud
ante la sociedad y la vida de París; y lo hace como observador minucioso de lo
que ocurre a su alrededor; buscando la belleza en todo lo que le rodea: la
calle, la muchedumbre y la confusión de la contemporaneidad, convirtiéndose,
así, en un auténtico cronista del presente. Como nos dice Manuel Delgado[2]:
“El señor G es un observador apasionado, que experimenta inmenso placer al sumergirse
‘en lo ondulante, el movimiento, en lo fugitivo, en lo infinito’. El Señor G
es, de entrada, un flâneur: ve el
mundo, está en el mundo, pero permanece ‘oculto al mundo’…”. Literatura
“panorámica” fue como denominó a esto Walter Benjamin, como también nos
recuerda Manuel Delgado. Y aquí enlazamos con lo dicho para Poe[3]:
también su relato comienza con el protagonista contemplando, desde la ventana
del café, el discurrir de la gente por la calle.
Sobre el flâneur de Baudelaire podemos
leer, también en El animal público[4]:
“Richard Sennet hace notar (…) que el flâneur baudelariano debe, si es que en
efecto quiere ejercer como tal «volverse como un paralítico», mirar
constantemente sin ser interpelado ni advertido por aquellos a quienes observa.[5]”
Ese cronista del presente está también
en Los ojos de los pobres. El observador minucioso, no es ahora el Señor G,
pero bien podría serlo, por la meticulosa descripción que nos ofrece: Él y su
pareja dentro de un nuevo y moderno café; fuera, tres harapientos, un padre y
sus dos hijos, al lado del arroyo (real, pero también metafórico), contemplando
“fijamente el café nuevo, con una admiración igual, que los años matizaban de
modo diverso”, ojos que miran, pero que también “hablan”: “¡Qué hermoso! ¡Qué
hermoso! ¡Pero es una casa donde sólo puede entrar la gente que no es como
nosotros!”
[1]El pintor de la vida moderna, Charles Baudelaire, 1863.
En la revista de estudios culturales
urbanos Bifurcaciones podemos leer la
justificación de dedicar un espacio a este relato de Poe: “El hombre de la
multitud, publicado originalmente en
1840, constituye un valioso testimonio acerca del espíritu que animaba la vida
en las metrópolis del siglo XIX. A lo largo de sus páginas, Poe describe con
vívida intensidad los pulsos y contradicciones que marcaron el nacimiento de la
moderna ciudad industrial –de la cual es heredera nuestra propia ciudad
contemporánea−,(…) Vale la pena recordar que, si intentáramos hacer una
arqueología de la figura del flaneur,
encontraríamos en esta 'pintura en movimiento' que nos hereda Poe su piedra de
toque, ya que fue precisamente este cuento el que motivó parte del trabajo
poético de Baudelaire, que luego utilizaría Walter Benjamin para darle forma a
ese vagabundo urbano de deriva consciente, figura urbana/moderna por
excelencia.[1]”,
palabras que explican sobradamente la inclusión de este texto literario en los
contenidos de la asignatura.
El documental[1]
está estructurado en cinco actos, en función de los momentos del día, y, estos,
a su vez, aparecen segmentados en bloques. La metáfora del ritmo es la clave de
cada uno de estos actos, pues cada uno de ellos tiene un ritmo diferente. El
del amanecer es tranquilo, los comercios van poco a poco abriendo; en el lado
opuesto, la hora punta, con su frenética actividad. En medio de estos ritmos
extremos, el café de la tarde en las terrazas, y la cosmopolita noche.
El personaje es, evidentemente, la ciudad; es Berlín, pero podría ser
cualquier otra gran urbe. Es el Berlín del período de entreguerras de la
República de Weimar. Aparecen primeros planos de personas, pero sólo para mostrar
su angustia o su hastío. El personaje, por lo tanto, es múltiple y se divide en
cientos de ciudadanos, que aparecen, un buen número de ellos, alienados por la
ciudad. Y es una ciudad moderna, no cabe duda, con ese inicio de trenes y otras
máquinas que, junto con los edificios, parecen humanizados e, incluso, estos
últimos bailando al compás de aquéllos.
La tensión entre lo particular y lo general, lo concreto y lo
abstracto queda reflejado, por ejemplo, en esas imágenes generales de la gente
andando por la ciudad y, después, en los primeros planos de algunas de esas
personas. La ciudad, toda ella, es lo general, lo abstracto. La persona, en
primer plano, lo concreto lo particular. La metáfora del ritmo podría funcionar
de manera plena si se hubiera introducido en la música original, si eso hubiera
sido posible, los distintos ruidos y respiraciones propios de la ciudad en
determinados momentos y contextos del día.